☁ Noto ☁
Aina Bonil☁ Noto y las ideas que flotaban
En lo alto del cielo, entre las nubes más blanditas, vivía una pequeña nube distinta a las
demás.
Se llamaba Noto, y en lugar de estar hecha solo de agua, estaba hecha de papel.

Mientras las demás nubes jugaban a formar formas con el viento, Noto prefería quedarse
quieta, observando cómo las ideas flotaban entre los pensamientos de la gente en la Tierra.
Cuando alguien tenía una idea bonita —una canción, un dibujo, un deseo— Noto la atrapaba
con cuidado y la guardaba dentro de su pancita de papel.
Allí dentro, las ideas se quedaban a salvo: suaves, dobladas como pequeñas cartas.
Noto soñaba con algún día bajarlas al mundo, pero tenía miedo de que el viento las
rompiera.

Una mañana, mientras el cielo estaba del color del té con leche, pasó por allí Amao, la gotita
de lluvia viajera.
—“¿Qué guardas ahí dentro?” —preguntó con curiosidad.
—“Ideas. Muchas. Pero no sé cómo hacer que lleguen a alguien sin que se pierdan...” —
susurró Noto.
Amao sonrió:
—“Yo conozco a Mimi, la conejita que ama los cuadernos. Si las llevas con cuidado, ella sabrá
darles un hogar.”

Así que Noto dejó caer una de sus ideas sobre la Tierra.
Flotó despacio, como una pluma, hasta caer sobre un cuaderno abierto junto a una taza de
té.
Mimi la encontró y sonrió.
—“Qué bonita idea. La escribiré para que no se olvide.”

Desde entonces, Noto viaja entre las nubes y los cuadernos, llevando pensamientos suaves de
un corazón a otro.
Y cuando alguien abre un journal de Amaoto, a veces cae una chispa de papel, pequeña y
blanca, con una idea dormida dentro. ☁💌